miércoles, 6 de marzo de 2013

La Involución del Ser Humano

Es agobiante confirmar que la sociedad se va deteriorando, y que las personas pasivamente observamos y nos enojamos ante las vivencias a las que estamos expuestos a diario. Pero poco hacemos para que las cosas cambien. En todos los niveles sociales, se está jugando una batalla de soberbia, prepotencia y acoso que hace temblar los más férreos principios de la educación. Y estos atributos le corresponden a todos. Nos quejamos por el mal servicio que nos dan en las oficinas públicas, las eternas esperas, las idas y vueltas a las que nos someten una y otra vez; pero muchos no respetan las “colas” y buscan adelantarse invocando a un amigo. Nos quejamos de lo mal que nos atienden en determinado comercio: la indiferencia con que nos tratan, la poca importancia que nos dan. Pero vamos al supermercado y cuando vamos a dejar la compra al coche para irnos, resulta que ese carro que nos fue tan útil, queda abandonado en cualquier lugar, y se obliga a quién va a salir o llega a que retire el carro que no usó. No tenemos tiempo para devolverlo, ni dejarlo en un lugar donde no moleste a nadie. Nos quejamos de la basura. Pero vamos al cine, y somos incapaces de salir con el pop y la bebida para depositarla en algún lugar especial para residuos. Los hay en grandes cantidades. En el transporte, muchos se quejan de que no ganan lo suficiente. Pero cuando suben pasajeros, tratan mal a estos, y muchas veces los dejan en la calle. Llevamos a nuestros hijos o nietos a la escuela, y en el camino somos rebasados por enormes camionetas conducidas por mujeres que a bocina limpio y gestos obscenos nos indican que estamos de más en la calle. Y que hay que dejarlos pasar a ellos o ellas. Lo mismo hace los ómnibus, taxis, las camionetas de reparto; en fin vivimos en una agresión permanente. Y es desde esa agresión, de esa impertinencia que queremos construir una sociedad más evolucionada, más actualizada al futuro. Y es frente a estos arrebatos, abusos y falta de consideración, que unos asombrados hijos nos observan a diario. Todos somos culpables de que el lugar en el que vivimos esté así. Hay que tener coraje y comenzar a marcar a viva voz lo que estamos viendo. Y si hay más público, mejor.

No hay comentarios: