martes, 23 de abril de 2013

Vivir en Zozobra.



En el año 1818, Teodoro Gericault plasma en una obra magnífica la situación de unos náufragos a los cuales la desesperanza, y el abandono parece haberles  invadido. Salvo uno, quien con una actitud esperanzadora, sacude un género buscando llamar la atención, todos los demás aparecen como desalentados. La balsa de la Medusa, había tenido un accidente en alta mar. Y estos eran los sobrevivientes.
Tomo esta imagen como un modelo de los estados anímicos de las personas. El cuadro, habla solo. Ya demuestra lo que pasa allí.
Y partiendo de esta obra, me llamo a una reflexión sobre la situación de cada una de las personas que hoy vivimos en el planeta tierra, y en especial los que estamos en este rincón del planeta; en un país de pocos habitantes, sin un gran crecimiento demográfico; pero con tanta incertidumbre.
Estamos rodeados de promesas no cumplidas, de miedos, de amenazas, de inseguridad, de falta de continencia para cualquier proyecto personal de  desarrollo para nosotros o para nuestros hijos.
Observamos consternados la cantidad de personas que duermen en la calle. Familias asistidas por el Mides, que no buscan evolucionar ni mejorar. Miramos como a pesar de nuestros aportes, los pobres; siguen pobres o más pobres porque ni siquiera se les ha impulsado a un cambio.
Pensamos en los niños que ya nacieron y continuaran naciendo de toda esta sociedad sumergida y sustentada con dádivas, no pidiendo nada a cambio.
Escuchamos a nuestros gobernantes que con aires arrogantes, manifiestan tener el control de todo, pero no vemos nada de ese “todo”. No tenemos salud, educación, servicios que funcionen medianamente bien, bancos oficiales que nos den certezas, seguridad en nuestros retiros laborales, en  los inicios laborales de los jóvenes. Estamos rodeados de delincuentes que roban a mansalva, los patrulleros están en los talleres para arreglos mecánicos que se demoran en pagar; entonces no hay patrulleros. Donde quiera que se mire, es caótico.
Vivimos en el total caos.
Y nadie de los que está, se hace cargo del estado de ánimo de los uruguayos, ni de nuestras emociones.
Tal vez, los gobernantes se han preocupado por hacer negocios, pero no se han preocupado  de lo emocional de la gente.
El pesimismo, no es nuestro. Nos lo inyectaron.