sábado, 17 de noviembre de 2012

Barrio Marconi. Los amaneceres en la Cuenca del Casavalle son iguales. Como lo son los del Barrio Marconi y en el Borro. Incertidumbre, discusiones, miedo. Es que en realidad, la zona es una: la cuenca del Casavalle. Y tanto Borro como Marconi, Palomar y otros tantos; forman parte de de ese enorme espacio que posee la mayor población de pobreza, y el mayor índice de delincuencia de la ciudad de Montevideo. Lamentablemente, la edad de la mayoría los delincuentes oscila entre los 12 a 17 años. Marconi es centro de distribución de pasta base y ocupa frecuentemente titulares en nuestro país por sus actos de violencia, robos, asaltos, quemada de autos y muerte en las calles. Dentro de ese ambiente donde viven decenas de miles de personas, tres Institutos Educativos luchan contra viento y marea contra todo tipo de adversidades para sacar adelante a niños en situación escolar y adolescentes. Inculcando valores, respeto y promoviendo una cultura de rutina sustentada sobre la asistencia a la escuela o al liceo. Desplegando su impacto educativo a familiares de estos niños. Estas instituciones educativas son el Colegio Obra Banneux, ubicado en Aparicio Saravia, al que asisten 480 niños desde pre escolares a sexto año de escuela. Estos alumnos reciben clases de apoyo, desayunos, almuerzos y meriendas. En verano abren la escuela para que asistan los niños a recibir clases de apoyo estudiantil, y en muchos casos también dan de comer en sus instalaciones. El Liceo Jubilar que hasta hace pocos días era liderado por el Padre Gonzalo Aemilius, quien logró colocar a este liceo como referente educativo en la zona del Casavalle. El Padre Gonzalo, solía visitar panaderías de la zona para dar bizcochos a sus alumnos. O bien tomaba su bicicleta e iba a buscar a aquellos niños que estaban faltando a sus clases. Llegaba sorpresivamente a la casa de los chicos y los hacía concurrir al Liceo. Esta gestión de trabajar prácticamente niño por niño, no solamente cuadruplicó su alumnado, sino que también fue motor para que la sociedad montevideana reflexionara sobre la responsabilidad social, y apoyara en muchos casos, al Liceo Jubilar. Pero, increíblemente, Monseñor Cotugno entendió que había llegado el momento de trasladar al Padre Gonzalo. Y así lo hizo; dejando al barrio y a los jóvenes sin su conductor espiritual. Increíbles decisiones que provienen de vaya a saber de qué lugar de la cabeza de quién dice saber de esto. El tercer punto de reciclaje juvenil, es el Liceo Impulso que abrirá sus puertas y ya tiene 200 alumnos, habiendo cubierto el cupo que dispone. También en la zona del Borro y sustentado por el sector privado. Entre las tres instituciones, hoy se está moviendo a más de 1.200 niños y jóvenes, que sueñan con crecer, mejorar y salir de esa trampa mortal desesperanzadora. Ojalá que Monseñor Cotugno también empiece a soñar con una visión diferente de la actual. Entienda que lo que se está funcionando bien, hay que promoverlo y hacerlo crecer. Madurar. Y después hacer los cambios. Ni la Fé ni la aceptación puede ser comprendida por los habitantes de la Cuenca del Casavalle. Ni aún por los adolescentes que ven en el Padre Gonzalo: un maestro, un amigo, un confesor, un promotor de la educación y del ser humano; ese motivador natural, que podría llegar a ser, el único anclaje a sus vidas mientras crecen.